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 Image Rayk Wieland

Sugiero que nos besemos
Novela

Verlag Antje Kunstmann
Múnich 2009
ISBN 978-3-88897-553-0
207 páginas

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Reseña
Fragmentos de lectura
 

Han pasado veinte años desde que en Alemania ocurrió lo impensable: El muro que había separado a Berlín y a Alemania en Este y Oeste, se cayó. Enseguida resonó el clamor por una elaboración artística del momento, una novela que trasladase este hecho singular a la forma literaria adecuada. El reclamo dio origen al nacimiento y desarrollo de nada menos que un nuevo género narrativo: la novela de la reunificación (o Wenderoman).

No pocos escritores de la ex-RDA y de la RFA asumieron el desafío. Con las novelas Es cuento largo (Ein weites Feld, 1995) de Günther Grass, Héroes como nosotros (Helden wie wir, 1995) de Thomas Brussig, Vidas nuevas (Neue Leben, 2005) de Ingo Schulze y, por reciente no menos importante, La torre (Der Turm, 2008) de Uwe Tellkamp, parecería que la necesidad de asumir y superar también literariamente ese pasado histórico estuviese satisfecho, y que el interés del público por este tema se hubiese sosegado por un buen tiempo.

Recientemente ha aparecido, sin embargo, un libro imprescindible pese a la abundancia de novelas de la reunificación. Es que no se trata de una novela de la reunificación a la manera de Grass ni de Tellkamp; se trata de una parodia del género. Sugiero que nos besemos (Ich schlage vor, dass wir uns küssen) es el encantador título de esta novela igualmente encantadora y de una comicidad verbal extraordinaria, escrita por Rayk Wieland.

Un buen día el protagonista, el Señor W., halla en su casilla de correo una invitación para leer sus poemas en un simposio con el título “Poetas. Dramas. Dictadura. Efectos laterales y riesgos de la literatura clandestina en la RDA.” Al principio el Sr. W. no comprende nada, porque él no era poeta – dice. Pero de a poco comienza a acordarse: “Mi memoria arrancó débilmente, pero de todos modos se puso a hablar. Por la retrospectiva interior pasaron eternidades. Transcurrieron décadas. Desaparecieron Estados. Cayeron muros.”

Liane, su amor de juventud de Múnich, acude de pronto a su memoria. Con ella mantuvo correspondencia algunos años durante la separación interalemana. Sí, y a estas cartas, recuerda ahora, él había adjuntado algún poema, a fin de impresionarla. Solicita que le dejen ver su expediente de la Stasi, por el cual en todos estos años no se había interesado: “Sí, ¿por qué? Todo eso me resultó siempre, cómo decirlo, estúpido.” Se entera de que la Stasi interceptó todas estas cartas y poemas y las clasificó como ideario subversivo. Y de que, además, ya de jovencito había sido declarado subversivo potencial, y espiado.

Espiado durante años, incluso por amigos y conocidos, violada una y otra vez su esfera privada: El Sr. W. se entera, leyendo su expediente, de algunas cosas que hubieran dejado a otras personas sumidas en la mayor indignación o alteración. No así a W. A él le aburre, en el mejor de los casos le divierte. “Un servicio secreto de inteligencia que se interesa por las protuberancias pubertarias de un chico de 16 años, debe estar lelo, gagá del todo en su médula cerebral. Es bien posible que este Estado [...] terminara del todo confundido debido a la concentración obsesiva de sus fuerzas especiales en existencialistas aficionados inofensivos como yo.” A modo de ejemplo presenta al “Grupo 61”, fundado por él aquel entonces, también en la mira de la Stasi; entre sus miembros figuraban, además de W., un conejillo de Indias y un reloj de pie.

Tomarse a risa el haber sido espiado no integra por cierto el catálogo de las reacciones típicas. En su libro, Wieland pulsa efectivamente una nota afectiva por demás inusual en la relación con la RDA. Prácticamente todo aquello de la RDA que suele ser condenado, aquello que choca o angustia, aquí el narrador lo ridiculiza, lo relativiza o minimiza su gravedad. Contra los reproches a la Stasi, por ejemplo, esgrime que en la RDA todos se habrían estado espiando mutuamente: equipos de trabajo, brigadas, conocidos, encargados del libro de registro de un edificio. 1 “Que también la Stasi anduviese controlando, de hecho casi no se notaba y por ello tampoco molestaba demasiado.” Y en otro pasaje: “Examen del expediente. Stasi. Central de archivos Gauck. Período a prueba del colaborador extraoficial 2. Control Personal Operativo 3. Palabras despojadas de todo encanto que, al menos en mí, desencadenaban el reflejo de bostezar, un aluvión de aburrimiento.”

Pero Wieland toma distancia irónica no solamente de la generalizada indignación ante los delitos cometidos por la RDA, sino también del culto al recuerdo de la RDA que paralelamente se desarrolló en los años que siguieron a la reunificación. Así es que en una “agencia de viajes en el tiempo” reserva un “acompañamiento de regreso” a la RDA, a fin de poder revivir una vez más el único recuerdo disponible: el de sus colosales borracheras con algún pésimo aguardiente del Este, incluyendo los consabidos dolores de cabeza.

El juicio irónico que la RDA y todo lo relacionado con ella merecen a posteriori por parte del Sr. W., hacen improbable que alguien se asombre al saber que ya cuando era ciudadano del Estado de los obreros y los campesinos se relacionaba con la RDA a través de un sarcasmo distante. Nos enteramos de ello – otra ironía de la novela – sólo gracias a las actas contenidas en su expediente de la Stasi, dado que su memoria sigue mostrando lagunas. W. formaba evidentemente parte de la bohemia de la RDA, y vivía por fuera de la línea oficial. “Por detrás, al costado y más allá de los estándares oficiales existían mundos paralelos, intermedios y subterráneos que funcionaban maravillosamente.”

Terminado el aprendizaje de un oficio, en vez de ponerse a estudiar en serio en la universidad, pasa un buen tiempo sin hacer nada, tomando cerveza, conociendo las personas más extrañas y viviendo las experiencias más raras. Hay por ejemplo ganadores de la lotería que se desesperan porque en la RDA no tienen en qué gastar su dinero; la más exitosa carrera profesional la logra el arrendatario de los lavabos públicos de la plaza Alexanderplatz y de la estación de ferrocarriles Friedrichstraße 4; su amigo Moses presenta una solicitud para emigrar porque en la RDA no hay canchas de golf; y la Stasi es estupenda porque al menos ella lee sus poemas.

Es evidente que en este “El Dorado de los sistemas de nichos “W. ha vivido con agrado. De ahí que el ocaso inminente del sistema parezca no haberle interesado realmente. Junto con amigos está él en el `89 con una cerveza en la mano viendo a las masas salir a manifestar a la calle, y se le ocurren consignas locas para las pancartas de los manifestantes: “Votar para mosquear”. 5 Recibe sin inmutarse también la noticia de la caída del muro; mientras todo el mundo se dirige hacia la calle Bernauerstraße 6, él permanece sentado en un bar, para disgusto del personal, con un cigarro y un “Cuba libre”, y filosofa sobre las desgracias que suelen acompañar a puertas que se abren.

Por supuesto el lector se pregunta una y otra vez en qué medida las experiencias de Rayk Wieland son las mismas de su personaje el Sr. W. La novela lo seduce a que lea de manera autobiográfica, pero habría que desistir de hacerlo. El expediente de la Stasi y la novia en Alemania Occidental son, según el autor, los dos únicos rasgos comunes que guarda con su personaje. Sin embargo, autobiográfico o no, es indudable que en la RDA había esas existencias paralelas. Y lo más notable de este divertido libro es que rompe con la forma acostumbrada de referirse a la RDA de una manera tan abstrusa como graciosa.

Anne Nordmann
Abril de 2010
[Traducción de Raquel García-Borsani]



Notas:
1. “Hausbuchführer“ en el original. (N.d.T.)
2. “IM” en el original (Inoffizieller Mitarbeiter). (N.d.T.)
3. “Operative Personenkontrolle“ en el original. (N.d.T.)
4. Ambos sitios eran la puerta de ingreso a Berlín Oriental de los viajeros provenientes del lado occidental y, por ende, de las divisas. (N.d.T.)
5. „Erst einsprühen, dann abruhen!“ en el original. (N.d.T.)
6. Primer pasaje abierto en el muro de Berlín por el gobierno de la RDA la noche del 9 al 10/11/1989). (N.d.T.)

  
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