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 Image Hildegard Müller

El Vaquero

Carlsen Verlag
Hamburgo 2011
ISBN 978-3-551-51746-3
32 p.
A partir de los 4 años


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Reseña
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¿Qué distingue a un vaquero? Usa sombrero grande, lleva un lazo y, por supuesto, es un héroe. En su último libro, Hildegard Müller, ilustradora y escritora de larga trayectoria, se vale de imágenes claras y sorprendentes para concentrarse en lo esencial, y hace uso de un lenguaje tan sencillo como conmovedor para contar una historia interesante y emotiva en torno a eso.

El secreto de su éxito es que la autora adopta en forma incondicional y por ende más que respetuosa la perspectiva infantil. Una vez que las imágenes nos han atrapado, la autora nos lleva a experimentar en carne propia que el punto de vista, la postura personal, y con eso también la perspectiva, lo es todo y todo lo cambia. Esto mismo lo demuestran también los dibujos que, concentrados por completo en colores intensos, crean imágenes desde una perspectiva plenamente infantil y de gran intensidad: la playa es amplia, ocupa más de media página. Aún más grande es el mar desde el cual amenaza el peligro. Los adultos son tan “largos” que en ocasiones no caben totalmente dentro del cuadro. En cierta medida, los adultos hemos perdido casi por completo esta mirada de entrega absoluta, y Hildegard Müller nos la recuerda con su estupendo libro: cuando un niño lleva un sombrero de vaquero y un lazo, no es que juegue a ser un vaquero sino que es un vaquero. Si un perrito de juguete es lanzado por las olas al mar abierto, no se trata de un juguete que se pierde flotando, es la mascota adorada que está por ahogarse.

Exactamente esto le sucede a la niña Ana en esta historia: recién llegada a la playa en plenas vacaciones de verano, su perro Toto se ve acechado por la terrible muerte pues está a punto de ahogarse. Apenas acaba de aprender a nadar cuando de repente lo atrapa una ola gigante. Sin embargo, un niño que hasta ahora ha estado relajado sobre una reposera y que durante todo el transcurrir del cuento se esconde bajo el ala amplia de su enorme sombrero, corre en su ayuda, atrapa al perro con su lazo y lo arrastra de vuelta a la playa. Toto se salva. Nuevamente la autora nos muestra la importancia de la perspectiva: los adultos se apresuran a la orilla hablando todos a la vez, paralizados por su impotencia. El vaquero no discute, actúa. Así, de un niño disfrazado de vaquero con un sombrero extra grande y que a una niña sólo puede parecerle un simple “tonto”, surge un auténtico vaquero. Su hazaña lo convierte en todo un héroe.

Y hay un tercer juego de la perspectiva que Hildegard Müller nos lleva a percibir: mientras en el comienzo del libro vemos conocidos clichés –la niña con la falda de lunares y su perrito de juguete -el compañero sobre ruedas al que le ha atado al cuello un pañuelo también de lunares-, y el jovencito que arroja el lazo con carisma–, la sola experiencia del salvamiento del perro une a los niños y es suficiente para trascender esos mismos clichés. Al final Ana le pregunta al chico, que ahora ante sus ojos ya no lleva un sombrero de vaquero “tonto” sino “bonito”: “¿Me enseñas también a tirar el lazo?”. Por supuesto, pero: “Sólo si me dejas jugar con Toto!”. De esta conmovedora historia de admirable sencillez la narradora nos despide con una maravillosa imagen de doble página alusiva al “Lejano Oeste” y que de inmediato transforma por completo: vemos a los niños frente al ocaso, sus siluetas y largas sombras nos muestran cómo Ana hace girar el lazo sobre su cabeza mientras el niño del sombrero grande lleva de la correa al perro Toto.

Michael Sellhoff
Febrero di 2012
[Traducción de Evelyn Gutiérrez]



  
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