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 Image Bernd Stiegler

La suspensión en movimiento.
Una breve historia cultural de los viajes en y alrededor del cuarto.


S. Fischer Verlag
Frankfurt del Meno 2010
ISBN 978-3-10-070635-5
288 páginas


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Reseña
Fragmentos de lectura
 

Ya lo sabía Pascal en el siglo XVII: Toda la desgracia de los seres humanos proviene de que no se quedan quietos en su habitación. Cuánto más vale esto para una época en la que a la gente no sólo le atrae salir a la puerta de calle, sino viajar en masa a lugares lejanos, a nuevos países, a ciudades y regiones desconocidas. Al mismo tiempo se suele olvidar otra forma totalmente distinta de explorar el mundo, no menos excitante e instructiva. Esta es la forma que nos recuerda Bernd Stiegler, profesor de literatura de la Universidad de Constanza, en su libro La suspensión en movimiento, dedicado a la “historia de los viajes en y alrededor del cuarto”.

Lo que en un principio parece a lo sumo un curioso objeto de investigación, resulta ser, en una mirada más atenta, un género sumamente productivo, un campo fecundo para la ciencia de la cultura, cuyos principios el autor intenta definir en el comienzo mismo del libro: la meta del viaje por el cuarto es producir un extrañamiento de los lugares supuestamente conocidos, examinarlos con la mirada del etnólogo y “explorarlos como si se tratara de un espacio que se pisa por primera vez o por lo menos que se ve con nuevos ojos”.

Esto es lo que realiza de manera directamente ejemplar el libro que le dio el nombre a toda la corriente y fundó la tradición de las expediciones domésticas: el Voyage autour de ma chambre (Viaje alrededor de mi cuarto) de Xavier de Maistre, de 1794. De Maistre aprovechó un arresto domiciliario de cuarenta y dos días para hacer un Grand Tour entre sus cuatro paredes, descubriendo como “viajero sedentario” la belleza práctica de los objetos cotidianos, tomando conciencia de la historia de los cuadros colgados en la habitación y hallando tesoros largamente olvidados en su biblioteca.

Pero su verdadero descubrimiento es la inversión de la perspectiva que sólo cree encontrar algo nuevo y excitante en lo exótico y extraño. El aventurero que explora su terreno sumamente limitado y presuntamente familiar descubre de golpe los abismos y atracciones de la aburrida vida cotidiana. A diferencia de lo que ocurre en las iniciativas turísticas usuales, el aventurero en principio conoce muy bien el destino de su viaje, que sólo por la indagación detenida se convierte en terra incognita, lo cual –según Stiegler– marca también la postura del viajero y lleva a una especie de doble figura “del movimiento y la suspensión, lo propio y lo ajeno, la familiaridad y la distancia”.

Estos viajes por el cuarto, no obstante, están muy lejos del mero sedentarismo que no sabe nada del mundo y sus atractivos. Stiegler muestra que De Maistre continuamente hace referencia a la “auténtica” literatura de viaje, alude a viajes de aventuras que son canónicos, es decir, los conoce muy bien. De todos modos, sus múltiples descubrimientos domésticos no le interesan tanto como –y aquí su antepasado es Lawrence Sterne con el Viaje sentimental– las sensaciones que despiertan en él los objetos (cotidianos) contemplados ahora con una mirada totalmente nueva. El viaje por el cuarto se convierte en un viaje del alma. Y el recurso para mantener la distancia también con respecto a estas sensaciones es la ironía. La ironía define su relación con el mundo, con el arte, consigo mismo.

El libro, publicado en la fase final del Gran Terror de la Revolución francesa, se convirtió en un éxito sorprendente, al que no sólo le siguieron varias reediciones sino también una Expédition nocturne autour de ma chambre, del propio De Maistre, y numerosas imitaciones, parodias y continuaciones de otros autores. Pero a Stiegler no le interesan solamente los sucesores más o menos serios de este respetable documento fundacional, sino la trama de relaciones de un motivo literario-cultural, los elementos en común que establecen vínculos entre estos textos, a menudo muy distintos, que recorren más de dos siglos. A la vez, no se trata de proyectos utópicos o mundos ideales sino de espacios cotidianos concretos, banales, que no obstante pueden transformarse y volverse auténticos espacios de experiencia.

En su recorrida casi siempre cronológica, Stiegler describe en veintiuna etapas (y un excurso sobre Julio Verne) las diversas variantes y posibilidades del viaje por el cuarto. Por ejemplo la peregrinación realizada o simulada en el entorno local, es decir lejos de los Santos Lugares, en la que el creyente convierte “las cosas en objetos de contemplación y parábolas de su vida”. O las que se relacionan con ese dudoso concepto del “Frauenzimmer” [literalmente: habitación de la mujer], que puede estar referido a un sitio, a un grupo o también a individuos, es decir a mujeres cultas, elegantes, como Sophie von La Roche, que en 1799 publicó su exposición en dos volúmenes Mi escritorio.

Así surgieron hasta fines del siglo XIX una cantidad de “viajes en miniatura”, en los que no se cruza “el umbral de una habitación o de una casa o los límites de una ciudad: se viaja por los bolsillos del pantalón, por la carpa o por una gaveta, por el cuarto de día o de noche, por la propia biblioteca o hasta por una gran ciudad como París”.

A comienzos del siglo XXI el viaje por el cuarto ha sumado una nueva dimensión. Sin abandonar la habitación, ahora se puede realizar efectivamente un viaje virtual, por ejemplo al hotel de Internet “Vue des Alpes”, es decir, es posible pasar las vacaciones en las montañas y al mismo tiempo (según dice la publicidad) quedarse en casa y hacer todo el trabajo que de lo contrario quedaría pendiente. Las nuevas posibilidades ilimitadas podrían llevar, según Stiegler, a los “viajes cero” predichos por Edith Decker y Peter Weibel, a una “sustitución del mundo por la sala de estar”. El aceleramiento es ley y definición, el cuarto es el lugar donde el vértigo queda en suspenso. Pero antes de entregarse totalmente al espacio virtual, este libro dotado de gran cantidad de reproducciones y abundantes referencias bibliográficas ofrece a sus lectores una bella oportunidad de evocar la forma original del viaje por el cuarto.

Matthias Weichelt
Noviembre de 2010
[Traducción de Griselda Mársico]



  
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